ADMIRADOR
- 9 feb 2024
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Actualizado: 12 may
Por Paula Aldana Vita.
Ciudad de México, 2024.

No lo sabía, pero el viajero tenía un admirador que no dejaba de observarlo desde el instante en que salió de su hotel por la mañana.
El admirador no perdía detalle alguno de sus movimientos, estaba como fascinado, encantado, algún futuro le encontraba al estarlo observando, no dejaba de seguirlo ni un momento, de lejos, claro, para no ser descubierto, todo muy discretamente, como si tuviera miedo de ser visto.
El viajero había llegado a la ciudad un par de días antes por cuestiones de trabajo. Pero ahora tenía el día libre y no había nada mejor que caminar por esas hermosas calles de ensueño, tan añejas que podías encontrar leyendas y fantasmas andando por ahí; realmente disfrutaba el lugar, era como su segundo hogar, su segunda ciudad, a la que siempre llevaba en su corazón.
El admirador lo seguía de lejos, se movía incesantemente entre la gente, haciendo bulto, llevando prisa de un lado a otro; en cambio, al viajero se le veía caminar con calma, con pasos seguros, firmes, largos, era imperdible por su camisa azul, por su perfume, por su cara de sorpresa al descubrir las maravillas escondidas entre esas anchas calles.
El viajero se sentía contento; todos a su alrededor parecían tener calor, parecía que en cualquier momento comenzarían a derretirse; en cambio él, disfrutaba del clima y de los rayos inclementes del sol, se sentía cómodo; quería llevar recuerdos de ese lugar, añoranzas, por lo que se detenía frente a las vitrinas que llamaban su atención.

El admirador se tomaba su tiempo para contemplarlo y como un enamorado iba siguiendo todos sus movimientos; lo veía enfocar su celular, que sacaba y metía en la bolsa delantera de su pantalón tratando de capturar las más bellas postales; lo veía acomodarse el cabello, que se movía traviesamente con el suave viento; lo veía acomodarse de vez en cuando el pantalón, se notaba que le quedaba flojo, veía un bulto en la bolsa trasera del mismo; lo vio tropezar un par de veces, no perdía detalle alguno de sus movimientos.
El viajero estaba feliz, había esperado mucho tiempo para hacer ese viaje; reencuentros, amigos, trabajo, cervezas, chocolate, todo en un par de días; pensaba en todo eso mientras caminaba disfrutando de la libertad.
El admirador lo esperó a lo lejos cuando entró por un café a una tienda de conveniencia, cuando entró a un museo, no le perdía la pista, incluso llegó el momento en que caminaba a su ritmo, como imitando su andar, tal vez queriendo saber cómo se sentía el flotar de ese modo, el caminar con una mirada soñadora y un ritmo diferente al de todos los demás.
El viajero pensaba que no quería que ese viaje terminara, y trataba de planear el siguiente, sus pensamientos lo mantenían alejado del mundo que lo rodeaba.
El admirador no le perdía la vista, necesitaba saber todo sobre él. El viajero, se entretuvo en una tienda de máscaras y encontró una que le gustaba, le causaba fascinación el lugar.
El admirador vio cómo escogía, cómo charlaba con el vendedor, su mano derecha sacando la cartera de la bolsa trasera de su pantalón, con su ojo de halcón vio que llevaba varios billetes y tarjetas, también vio cómo la guardaba en ese pantalón que le quedaba un poco grande, el que se ajustaba de vez en cuando.
El viajero salió a la calle de nuevo para seguir su camino, sin poner atención a nada en particular; su admirador se acercó más y más, estaba tan cerca que olía perfectamente su loción, tan cerca que podría besar su cuello, temblaba, estaba nervioso, no era la primera vez que se acercaba tanto a alguien, pero siempre temblaba, no sabía si de nervios o de emoción; llegaron a una esquina donde se detuvieron, los carros pasaban… Era el momento.
El admirador se puso justo detrás del viajero, el semáforo cambio y el viajero dio un paso, el admirador puso una mano suave y sutil en la espalda del viajero y lo empujó con firmeza aunque delicadamente, mientras con la otra mano sacaba la cartera de la bolsa trasera del pantalón.
El viajero trastabilló, sintió algo más que un empujón y por instinto llevó la mano a su cartera… no había nada. El admirador ya iba delante de él, ya no temblaba, se dirigía a otro hotel. El visitante no sólo perdió la cartera, se había quedado con el temblor de su admirador, con los nervios y con una rabia llena de impotencia e incredulidad. A pesar de eso, seguía amando a esa vieja ciudad.

Paula Aldana Vite. Escritora mexicana, autora del libro Colección de cuentos, publicado en 2023 y ganadora del primer lugar del Segundo Concurso Literario de Cuento CC Elena Garro en 2021.




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