CÉSAR VALLEJO: UN POETA SIN TAPUJOS.
- 24 jul
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Actualizado: 12 ago
Un Legado Literario Inigualable
El "Cholo Vallejo", apelativo que honraba sus raíces mestizas y andinas, es el entrañable pseudónimo de César Abraham Vallejo. Conocido como el "poeta universal" o "poeta de los humildes", su legado literario lo ubica en la cúspide del movimiento vanguardista del siglo XX en Latinoamérica.
«Vallejo creó un lenguaje poético desgarrador para el español que alteró radicalmente la forma de sus imágenes y la naturaleza de sus ritmos… Vallejo forjó un nuevo discurso para expresar su propia compasión visceral por el sufrimiento humano»: Edith Grossman en Los Angeles Times Book Review.
La Vida y Obra de Vallejo
Tanto apasionada como trágica, su obra explora las injusticias sociales, la pobreza y la melancolía, que resalta con su famosa frase: "Yo nací un día que Dios estuvo enfermo", perteneciente a su poema "Espergesia", publicado en su libro póstumo Poemas humanos en 1939.
La vida del undécimo hijo, nacido en la localidad andina de Santiago de Chuco, comenzó entre la escasez y el hambre. Su hogar tenía raíces hispanas y quechuas. Su destino quedó marcado por tres grandes golpes: el impacto de ver la opresión indígena, el dolor por la pérdida de su madre en 1918 y la crudeza del entorno urbano en Trujillo y Lima. En estas ciudades, buscó refugio en las aulas de medicina, literatura y derecho.

La Revolución Poética de Trilce
En consecuencia, nació Trilce (1922), la obra más radical de Vallejo. Compuesta por 77 poemas sin título, el libro rompe con la gramática y la métrica tradicional. Utiliza neologismos y pura experimentación para hablar del encierro. No hay adornos aquí; es una obra de una honestidad feroz y un acto de descolonización lingüística. Vallejo literalmente deconstruye el español para obligarlo a decir lo que las palabras comunes no pueden.
En su libro Una historia de la literatura peruana, Higgins describe los elementos narrativos de Vallejo. Su vocabulario poético es frecuentemente desconocido y «poco literario». Crea nuevas palabras, fusiona dos en una, y manipula los clichés para darles un nuevo significado. Utiliza repetidamente el oxímoron, la paradoja y, sobre todo, la catacresis. Esto desfamiliariza los objetos al atribuirles cualidades que normalmente no se asocian con ellos.
Un claro ejemplo se observa en el poema II a través de expresiones como «Se llama Lomismo que padece». Al fusionar las palabras en "Lomismo", evoca la pesadez y la repetición monótona del tiempo en cautiverio. Asimismo, en el verso «¿Qué se llama cuanto heriza nos?», altera la sintaxis tradicional mediante el neologismo "heriza", que amalgama las ideas de herida y erizamiento cutáneo.
El Poema XVIII: Un Retrato del Encierro
El Poema XVIII de Trilce funciona como un vívido retrato del encierro. Vallejo convierte las paredes de su prisión en una frontera que disuelve tanto el tiempo como la corporalidad. En medio de este aislamiento, el amor y el recuerdo constante de la madre se transforman en sus únicas vías de escape. Para transmitir esta atmósfera, el poeta rompe con la rima tradicional y construye la musicalidad de los versos a partir de ecos internos y de la repetición constante del dolor humano.
A continuación, un análisis de su contenido y estructura:
Poema XVIII – Oh las cuatro paredes de la celda
Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.
Vemos que el poema, además de abrir con una exclamación de angustia, expresa la monotonía de un espacio. Se describe la frialdad del entorno al mencionar "paredes albicantes". Éstas, blanqueadas con cal, aluden a un color frío y hospitalario; una atmósfera que borra toda identidad.
Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.
La celda, como un ser vivo ("criadero"), genera ansiedad y locura. Vallejo siente que sus extremidades "aherrojadas", encadenadas con hierro, son arrancadas todos los días.
Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!
La "llavera" y "libertadora" alude a la figura de la mujer amada, quizás inspirada en Otilia, su amor en la época. Ella es capaz de vencer, como pareja, el golpe de las paredes.
Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.
Aquí Vallejo transforma las paredes de su celda en los fantasmas de madres muertas. Estas guían a niños por "bromurados declives". Con esta comparación, saca la poesía de lo idílico y la sumerge en la frialdad de la ciencia y el encierro. Se expone como un niño desamparado hacia un destino incierto.
Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.
Ahora en soledad, sin su madre y amada, busca un brazo terciario que pueda "pupilar" (cuidar, observar, velar) el rumbo de un Vallejo adulto y extraviado. Todo esto termina con una frase demoledora: "esta mayoría inválida de hombre".
La Vida Después de la Prisión
Una vez liberado de la cárcel y tras publicar Historia Salvaje en 1923, Vallejo decide marcharse a París. Aunque igualmente lo inunda la sensación de ser un marginado, se gana la vida como traductor, escritor político y maestro de idiomas. Mantiene colaboración con la revista Amauta, bajo la dirección de José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano.
Al respecto, según la Enciclopedia Británica, "Vallejo llegó a creer que el lenguaje poético debía ser desprovisto de todo recurso tradicional en su descripción de la condición humana, y que la literatura también debía estar al servicio de las masas".
Expulsado de París en 1930 por su activismo comunista, se refugió en Madrid y escribió El tungsteno. Esta novela, ambientada durante la Primera Guerra Mundial, narra el abuso y la explotación indígena en las minas de Quilvica (Cusco), adquiridas por la empresa estadounidense Mining Society para extraer el mineral.
La Última Etapa y el Legado de Vallejo
Marcado por los horrores de la Guerra Civil Española, dio vida a Poemas humanos (1939). Este legado literario vio la luz un año después de que una rebelde infección —secuela de una malaria de su juventud— acabara con su vida. Las páginas de este libro albergan una profunda exploración del sufrimiento y el terror a la muerte. Todo esto está entrelazado con una fuerte denuncia contra la desigualdad y la deshumanización moderna.
Aunque el poeta peruano editó varios libros en vida, el grueso de la obra de Vallejo se conoció tras su deceso. Esto fue gracias a cientos de páginas manuscritas de versos, obras de teatro y prosa, junto a clásicos tempranos como Los heraldos negros (1918). Toda esta riqueza literaria fue recuperada para el público angloparlante en 2007 en una edición bilingüe a cargo de Clayton Eshleman.
Referencias
s.a., "César Vallejo. Poeta peruano" [online], Enciclopedia británica. Consultado el 24 de julio del 2026, en:
s.a., "César Vallejo 1892—1938" [online], Poetry Foundation. Consultado el 24 de julio del 2026, en:
Vallejo, César, 1922, Trilce [online], Ciudad Seva. Consultado el 24 de julio del 2026, en:


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