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CHECO VALDEZ: TRAZOS Y COLORES DE UN PINTADOR.

  • 18 ago 2024
  • 8 min de lectura

Actualizado: 5 jun



Xochitl Edelvais Santiago Reyes, Checo Valdez (grabado), 2015. Foto: Roxana Escalera, 2024.
Xochitl Edelvais Santiago Reyes, Checo Valdez (grabado), 2015. Foto: Roxana Escalera, 2024.




"Te marchas tú; 

verdes son los sauces, 

largo el camino."


Yosa Buson.















Por Roxana Escalera.

Ciudad de México, 11 de mayo de 2026


"La honestidad es la mejor de todas las artes perdidas". Esta frase de Mark Twain describe de forma entrañable la vida de Sergio Valdez Ruvalcaba. Mejor conocido como "Checo", fue uno de esos hombres valientes y fieles a sus ideales libertarios; un creador que plasmó su lucha como grabador, caricaturista, pintor, escultor y profesor, sin importar que aquello pudiera costarle la vida.


En 2018 se cumplieron 50 años del Movimiento Estudiantil del 68 y 20 años de la creación del Mural de Taniperla. Este último, organizado por Checo, fue destruido por militares a solo dos días de su inauguración, lo que provocó su injusto encarcelamiento y el de los demás muralistas. A esto se suman innumerables actos en los que Valdez luchó por la dignidad humana; su participación activa lo convirtió en un símbolo de lucha y resistencia frente a sistemas represivos y transgresores.


 (Izquierda): taza conmemorativa del Mural de Taniperla,  destruido en 1998. (Derecha): taza que rememora el Movimiento Estudiantil del 68. Diseño: Checo Valdez. Foto: Roxana Escalera, 2024.
(Izquierda): taza conmemorativa del Mural de Taniperla, destruido en 1998. (Derecha): taza que rememora el Movimiento Estudiantil del 68. Diseño: Checo Valdez. Foto: Roxana Escalera, 2024.

Aquel que fue mi maestro y amigo —un espíritu inquieto, humilde y de sabrosas anécdotas— destacó por su sinceridad inquebrantable, pero siempre justa. Entre todas sus enseñanzas, considero su vida un testimonio de que, a veces, ser empático requiere rebeldía; una postura que defendió desde su corta edad y que hoy me permito apenas pincelar como una forma de recuperarlo, recuperarme y recuperar su historia.

El baile que lo cambió todo.


Con apenas 20 años, Checo ya era el exitoso socio de una agencia publicitaria, respaldado por una amplia experiencia laboral en imprentas y talleres. Su ingenio destacó al ser uno de los primeros en incluir un juguete como gancho publicitario en un producto, estrategia que luego replicaron otras empresas. Mientras se preguntaba cómo ser el mejor publicista, un día, bailando con su novia, concluyó con desencanto que tendría que convertirse en el mejor mentiroso del mundo. Acto seguido, renunció a la mercadotecnia. «La publicidad solo vende ilusiones», decía Checo. Luego, entre risas, agregaba: "Eso sí, los cochecitos de colección que incluíamos estaban muy bien elaborados y eran de buena calidad".


La gráfica, como lo vería Checo, no solo es un ejercicio lúdico de comunicación eficaz, sino también un instrumento de activismo político poderoso. En 1964, en apoyo a un movimiento médico que exigía mejoras laborales, montó talleres de serigrafía para la elaboración masiva de carteles. En aquellos días, como recordaría, desafiar a las autoridades era cosa seria y eran comunes los encarcelamientos y despidos masivos. Al respecto, decía: "Incluso, si te veían en la calle leyendo cierto tipo de revistas o periódicos, era motivo de sospecha y posible detención".


También participó activamente en la gráfica del movimiento estudiantil del 68. Por ello, fue hostigado por la policía, al punto de que los agentes irrumpieron en su domicilio y confiscaron muchos de sus bienes. Durante esos días, fue testigo de la cruda matanza de Tlatelolco, mientras permanecía escondido junto con otras 50 personas en un pequeño departamento cercano a la Plaza de las Tres Culturas. En ese sitio solo se repartían comida y una mujer gritaba continuamente: "Nos van a matar". Debido a esto, no tuvieron otra opción que amordazarla para evitar ser descubiertos. En medio de la crudeza de la situación, observaron cómo subían cientos de cuerpos a camiones militares.


Anuncio en Los Agachados, abril de 1975. Foto: Ricardo Morales López
Anuncio en Los Agachados, abril de 1975. Foto: Ricardo Morales López

Con órdenes de aprehensión en su contra, se vio obligado a vivir en la clandestinidad. Checo recordaría con humor cómo incluso fue a parar con un cura. Su lucha continuó y en 1975 participaría en La Garrapata, famosa revista de caricatura y sátira, donde colaboraría con el célebre Rius. Para 1977, serían nuevamente colegas en el semanario infantil llamado Cucurucho.


Aquel proyecto, dirigido por Checo y bajo el lema "¡Prohibido para adultos!", tenía como objetivo dignificar al público infantil, que no solo es difícil, sino también muy castigado. Aunque contó con pocos números, por motivos aún poco claros —entre ellos la falta de ingresos—, desapareció misteriosamente tras la publicación de "¿De dónde vienen los niños?".


Segunda de forros del número 1, abril de 1975. Foto: Ricardo Morales López, 2017.
Segunda de forros del número 1, abril de 1975. Foto: Ricardo Morales López, 2017.

Muros que unen.


En 1998, el Mural de Taniperla —o Vida y sueños de la cañada de Taniperla— dio a conocer por primera vez a un municipio autónomo zapatista. La obra plasmaba los ideales de la comunidad: sus valores, costumbres, naturaleza, líderes, esperanzas y miedos.


Coordinada por Checo Valdez, la pieza creada por el pueblo tzeltal fue destruida por un operativo militar 48 horas después de terminarse. Valdez y otros zapatistas fueron encarcelados bajo cargos falsos. A pesar de quedar hecho pedazos, el mural resonó aún más gracias a sus múltiples reproducciones dentro y fuera del país.


Reproducción del Mural de Tanipela en el Edificio Central de la UAM Xochimilco. Foto: Roxana Escalera, 2023.
Reproducción del Mural de Tanipela en el Edificio Central de la UAM Xochimilco. Foto: Roxana Escalera, 2023.

Una vez en el penal de Cerro Hueco, Checo realizó talleres colectivos de pintura y nació un segundo manifiesto visual en formato ambulante, también representativo de la vida en comunidad. Permaneció encarcelado dos años al negar los cargos y rechazar el pago de la fianza impuesta, en solidaridad con los demás presos. Además de la UAM, distintas organizaciones abogarían por su liberación, al igual que personajes como Rius.


Al salir de prisión, Checo conformaría el colectivo Pintar Obedeciendo, nombre que alude al principio zapatista "Mandar Obedeciendo" y cuyos integrantes, según los Caracoles y Juntas de Buen Gobierno, "escuchan, hacen, deciden y mandan obedeciendo a las comunidades y sus organizaciones territoriales".


Como animadores del proceso mural del que formé parte en 2010, nuestro propósito era acatar fielmente la voz de la comunidad para que esta se dibujara a sí misma, conformando su propia estética e identidad. Como lo ideaba Checo, se trataba de unir esfuerzos en pos de una emancipación conceptual que permitiera cuestionar incluso categorías como la del artista. Para ello, realizábamos numerosas consultas y bocetos grupales; nuestro papel incluía no imponer iconografías, signos, simbologías ni firmas. En sus palabras:


[...] Nos gustó más como nos dicen allá: “pintadores”, y es por varias cosas. En primer lugar, sería muy fácil para nosotros, pero también muy ficticio, decir que estamos haciendo arte, sobre todo si lo vemos a la luz de que cabe cualquier cosa dentro de este vocablo, no se es muy estricto en su uso. [...] Partimos un poco de la tarea, pues hemos asumido estudiar a Juan Acha, de una lucha por la soberanía latinoamericana conceptual, su soberanía conceptual sobre su propia producción estética. Es una tarea de gigantes, tremenda, pero creo que es un camino que hay que caminar y eso nos ha hecho dudar muchas cosas, cosas que teníamos, la intención de: “los enseñamos a dibujar” [...] lo poco que sabemos está altamente contaminado, y a veces es lo único que tenemos, del paradigma centroeuropeo sobre el arte [...] Queremos ser un poco más modestos, más bien: animemos a pintar, esto generará tarde o temprano la necesidad de que hagan su propia estética, cuando llegue ya a tocarles su espíritu, su corazón profundamente, va a empezar a generar su propia estética y ojalá esto sucediera en los barrios y en las comunidades y en todos lados.


Mesa de suministros de pintura. Foto: stock de Multimedia de Wix, s.f.
Mesa de suministros de pintura. Foto: stock de Multimedia de Wix, s.f.

Dicha experiencia buscaba romper con el paradigma de "ayudar". En todo caso, como lo apuntaba Checo, uno era el 'ayudado. Especialmente al sumergirse en las prácticas y nutrirse del espíritu comunitario, de su cotidianidad y de la capacidad de recibir la lluvia de verano sin intentar escapar.


Al respecto, Checo recordaba cómo un compa mencionó en uno de sus talleres: "nuestra verdadera lucha es resistir". No era solo cuestión de tomar las armas, sino de mantener la firme convicción de no sucumbir ante las comodidades del mundo occidentalizado. Una postura tremenda, especialmente frente a la denominada guerra de baja intensidad que enfrentaban. En palabras de Checo:


Ese trabajo compartido, ese entendido de que el mural puede ser un comunicado, de que el mural puede ser un manifiesto, de que el mural puede decir “aquí estamos”, de que el mural puede decir “estos son nuestros caídos”, de que el mural puede ser solamente “éstos somos y esto queremos ser” [...] con características que van más allá del uso del mural como una cosa bonita, pues; sino que sí es un proceso que ellos identifican como parte de su organización y de las historias que se deben decir.


Nuestro grupo de veinteañeros, quizás con la nostalgia de un mundo que no conocimos, intentaba recuperar una historia que nos era ajena, pero muy nuestra: el espíritu de comunidad y de libertad. Aquella experiencia, que al principio parecía desafiante, se tornó en una fructífera confrontación con nuestras creencias y miedos, al tiempo que nos alentaban las palabras de Checo: "Tolerancia a la incertidumbre".


Checo, más allá del cuadro.


No se puede hablar de Checo sin destacar su papel como docente, función que desempeñó durante 40 años en la UAM Xochimilco. Allí tuve la fortuna de conocerlo en el año 2008, en el curso de Diseño Gráfico. Sus sesiones, inspiradas en la pedagogía de Paulo Freire, Juan Acha y la filosofía zen, entre otras, usualmente iniciaban con una degustación de bocadillos a ciegas para sensibilizarnos con sabores y texturas. Una vez atentos, la clase continuaba con bocetos individuales o grupales.


Recuerdo, entre su bibliografía, el maravilloso e inolvidable libro de Betty Edwards, Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro. Este texto planteaba cómo el hemisferio vinculado con la lógica (el izquierdo) se asoma inoportunamente cuando dibujamos, lo que causa frustración y bloqueo. Mediante curiosos ejercicios, como el retrato invertido, la autora sostiene que todos tenemos la capacidad de dibujar si nos desvinculamos de formas preconcebidas.


Solución de los 9 puntos sin despegar el lápiz. Gráfico: Juan Carlos Jiménez. 2012.
Solución de los 9 puntos sin despegar el lápiz. Gráfico: Juan Carlos Jiménez. 2012.

Asimismo, en una ocasión, Checo nos retó a unir nueve puntos con cuatro líneas rectas sin levantar el lápiz, y todos fracasamos. Al mostrar la solución, añadió que a veces la respuesta a un problema consiste en salir del cuadro, de nuestros prejuicios y de lo razonable o familiar. Sus sesiones y su ingenio no dejaron de inspirarnos, aun en tiempos difíciles; nos convocaba a cuestionar y observar, pues se negaba a vernos como "recipientes vacíos que hay que llenar con información frívola", como diría Paulo Freire.


Al ritmo de Moebius


  Terminé la universidad y, aunque nos vimos con menos frecuencia, de vez en cuando coincidíamos para disfrutar de un buen café. Checo, con su masticar pausado —una suerte de meditación activa—, nunca dejó de sorprenderme con sus fascinantes relatos. Se jubiló en 2019 y, pese al desgaste de su retina, se planteó retomar la escultura. Entre sus proyectos, deseaba rehacer su obra "Desnudo eterno", que se había quebrado años atrás; una pieza inspirada en una cinta de Moebius que entrelazaba los cuerpos de un hombre y una mujer.


Cinta Moebius de papel. Foto: Roxana Escalera, 2024.
Cinta Moebius de papel. Foto: Roxana Escalera, 2024.

Esta cinta, cuya cara interior y exterior son la misma y donde no existe un afuera y un adentro, conforma un desafío que, de alguna forma, define quién fuera Checo: alguien que rechazaba la autocomplacencia intelectual, lo convencional, al igual que la pasividad ante realidades injustas y opresivas.


En uno de nuestros últimos encuentros antes de su partida, ocurrido en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles —un espacio que frecuentaba y donde impartió varios talleres—, Checo comentó con una mezcla de humor y melancolía: “Mi sueño era morir de un paro cardíaco dando clases, pero no se me cumplió”.


Perderlo en agosto de 2024 fue un golpe muy duro. Sin embargo, días antes de que se fuera, soñé con una enorme instalación de piedra en forma de serpiente que la gente recorría mientras pintaba en total libertad. Hoy pienso que era una cinta de Moebius: un flujo infinito donde los colores y la esencia de Checo se siguen plasmando, y donde los verdaderos artistas como él nos recuerdan que el arte habita dentro de nosotros.



Referencias:


Híjar, Cristina, 2011, "Pintar Obedeciendo:

Mural Comunitario Participativo" [online]. Consultado el 12 mayo del 2026, en: https://discursovisual.net/dvweb18/aportes/apohijar.htm



Jiménez, Juan Carlos, 2012, "El efecto de los paradigmas en tu inteligencia" [online], Consultado el 12 mayo del 2026, en: https://es.slideshare.net/slideshow/ejercicio9puntos/13079547#1


Morales, Miguel Angel, 2017, "CUCURUCHO Y TÍO RIUS (1975- 1977?)" [online]. Consultado el 12 mayo del 2026, en: https://miguelangelmoralex-bitacora.blogspot.com/2017/08/cucurucho-y-tio-rius-1975-1978.html




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